La militante palestina e integrante de Masar Badil, Jaldía Abubakra, expresó su rechazo a la convocatoria de elecciones legislativas palestinas para el próximo 28 de noviembre. Abubakra considera que no puede hablarse de un proceso verdaderamente libre y representativo mientras continúa el genocidio en Gaza, la ocupación controla la vida y los movimientos de la población palestina y millones de palestinos y palestinas quedan excluidos de las urnas. Frente a la renovación de las instituciones surgidas de Oslo, defiende la necesidad de construir un frente nacional palestino unificado de resistencia que avance por el camino de la liberación y el retorno.
«Nuestro pueblo continúa enfrentándose a un genocidio en Gaza. En Cisjordania y Jerusalén avanzan la colonización, las expulsiones, las incursiones militares, los asesinatos y los encarcelamientos. Miles de presos y presas permanecen en las cárceles de la ocupación y millones de palestinos y palestinas continúan viviendo como refugiados y exiliados lejos de nuestra tierra. No estamos ante una situación política normal ni ante un Estado soberano que simplemente necesita renovar su parlamento. Seguimos inmersos en un proceso de liberación nacional frente a un proyecto colonial», señaló Abubakra.
Para la militante palestina, rechazar estas elecciones en las actuales circunstancias no significa rechazar el derecho del pueblo palestino a elegir democráticamente su representación, sino cuestionar qué democracia y qué representación nacional pueden existir cuando una parte enorme del pueblo palestino queda excluida del proceso.
«El pueblo palestino no se limita a Cisjordania y Gaza. Somos también nuestro pueblo en la Palestina ocupada desde 1948, los refugiados y refugiadas de los campamentos y los millones de palestinos y palestinas que viven en el exilio y la diáspora como consecuencia de la Nakba y de décadas de expulsión. Unas elecciones de las que queda excluida gran parte de nuestro pueblo podrán elegir representantes para unas determinadas instituciones, pero no pueden presentarse como expresión de la voluntad nacional palestina».
Abubakra señaló además que ni siquiera quienes formalmente tienen derecho a votar pueden hacerlo en condiciones de verdadera libertad. En Cisjordania, el muro, los puestos de control militares israelíes, las puertas instaladas en las carreteras, los bloqueos y el sistema de permisos fragmentan el territorio y condicionan diariamente los desplazamientos de millones de palestinos.
«La potencia ocupante puede cerrar un puesto de control, bloquear una carretera, sitiar una ciudad o impedir el desplazamiento entre localidades. Puede incluso impedir que una persona llegue hasta el lugar donde debe votar. ¿Cómo podemos hablar de elecciones libres cuando Israel conserva la capacidad material de decidir si la población palestina puede llegar a las urnas?».
En Gaza, añadió, la contradicción resulta todavía más evidente. «¿En qué condiciones se pretende desarrollar una campaña electoral mientras nuestro pueblo continúa enfrentándose a un genocidio y luchando por sobrevivir? La prioridad debe ser detener el genocidio, romper el asedio, defender a nuestro pueblo y fortalecer su resistencia, no representar una normalidad institucional que sencillamente no existe».
Abubakra cuestionó también las condiciones políticas impuestas a las candidaturas. La normativa electoral exige a quienes quieran presentarse reconocer a la Organización para la Liberación de Palestina como único representante legítimo del pueblo palestino y comprometerse con su programa político y nacional y con las resoluciones internacionales asumidas por ella.
Aunque la normativa no establece literalmente como requisito el «reconocimiento de Israel», Abubakra señaló que la exigencia no puede separarse del programa y los compromisos políticos asumidos por la dirección de la OLP, incluido el reconocimiento de Israel y el marco político construido posteriormente alrededor de los acuerdos de Oslo.
«No solamente se excluye a millones de palestinos y palestinas del derecho a votar. También se establecen de antemano los límites políticos dentro de los cuales se permite competir. ¿Qué pluralismo existe si para poder presentarse hay que aceptar previamente el programa de una institución de la que están ausentes importantes fuerzas palestinas y que ha quedado vinculada durante décadas al marco político de Oslo?».
Para Abubakra, la experiencia de las elecciones legislativas de 2006 demuestra además los límites de cualquier proceso electoral sometido a la ocupación y a la tutela exterior. Cuando el resultado de las urnas no coincidió con los intereses de Israel, Estados Unidos y las potencias occidentales, estas se negaron a aceptar sus consecuencias políticas.
«Hace veinte años nuestro pueblo votó y su decisión no fue respetada. Ahora se pretende establecer previamente qué marco político deben aceptar quienes quieran concurrir. Entonces debemos preguntarnos si nuestro pueblo puede elegir realmente su proyecto político o solamente entre aquellos proyectos considerados aceptables».
Abubakra considera que esta convocatoria tampoco puede separarse de la profunda crisis de las instituciones palestinas. La Autoridad Palestina continúa dependiendo política y económicamente del sistema creado por Oslo y mantiene una coordinación de seguridad con la ocupación que ha servido también para perseguir y reprimir a militantes y sectores de la resistencia.
Por ello, rechazó que la solución consista en renovar las actuales instituciones o simplemente reconstruir la OLP existente. A su juicio, esta ha sido vaciada progresivamente de su función histórica y subordinada a las estructuras de la Autoridad Palestina, mientras numerosas fuerzas y amplios sectores del pueblo palestino llevan décadas sin estar representados efectivamente en ella.
«No necesitamos renovar la legitimidad de Oslo ni decidir quién administrará una autonomía fragmentada y sin soberanía. Necesitamos recuperar nuestro proyecto nacional de liberación».
Frente a esta situación, Abubakra defendió avanzar hacia la construcción de un frente nacional palestino unificado de resistencia, capaz de reunir a las fuerzas comprometidas con los derechos históricos del pueblo palestino y articular una unidad basada en un programa de lucha por la liberación y el retorno.
«Necesitamos unidad nacional, pero no una unidad alrededor de Oslo ni de la administración de la ocupación. Necesitamos una unidad construida desde la resistencia y alrededor de nuestros derechos históricos: detener el genocidio, liberar nuestra tierra, defender la resistencia, liberar a nuestros presos y presas y garantizar el derecho al retorno».
Para Abubakra, la cuestión fundamental no es quién ocupará los escaños del Consejo Legislativo durante los próximos años, sino cómo reconstruir las herramientas políticas y organizativas capaces de unir a un pueblo fragmentado por la ocupación, las fronteras y el exilio.
«Palestina continúa en una etapa de liberación nacional. Mientras Gaza enfrenta un genocidio y nuestro pueblo permanece dividido por muros, puestos militares, cárceles, fronteras y exilio, nuestra prioridad no puede ser dar apariencia de normalidad democrática a una realidad colonial. Nuestra tarea histórica es unir nuestras fuerzas, fortalecer la resistencia y construir un frente nacional palestino unificado que avance por el camino de la liberación y el retorno».
Declaraciones de Jaldía Abubakra.