Por Khaled Barakat para https://paltodaytv.com/
La próxima conferencia del Movimiento Ruta Revolucionaria Alternativa Palestina (Masar Badil) en São Paulo (Brasil), en marzo, no será un mero evento organizativo, sino una gran expresión de la profunda transformación política que el movimiento ha experimentado en los últimos cinco años; y un cambio en la posición de la diáspora palestina en el contexto del conflicto con el proyecto sionista. Lo que está sucediendo hoy no puede interpretarse como una simple acumulación de actividades, sino como un salto cualitativo para un movimiento revolucionario que se ha convertido en una auténtica fuente de preocupación para el enemigo sionista y sus aliados.
En un período relativamente corto, el movimiento Masar Badil pasó, con éxito, de ser un espacio emergente a un actor político internacional, construyendo una presencia organizada y popular en Norteamérica, Latinoamérica y Europa; liderando una serie de conferencias y movilizaciones populares que revitalizaron la acción internacional palestina en la diáspora. Esta vía rompió las limitaciones impuestas por la fase Madrid-Oslo, cuando la diáspora fue despojada de su papel y las relaciones con el mundo se limitaron a los canales oficiales y a regímenes cómplices, en detrimento de las relaciones naturales con los pueblos y los movimientos de liberación.
En este contexto, la organización de la «Semana del Retorno y la Liberación» en Bruselas en 2022, y las manifestaciones multitudinarias que la acompañaron en las capitales europeas, marcaron un hito significativo en el desarrollo del movimiento. Miles de manifestantes —palestinos, árabes e internacionalistas— salieron a las calles portando imágenes de mártires de la resistencia y símbolos del movimiento de presos, y coreando consignas en apoyo del «Batallón de Yenín» y la «Guarida de los Leones». Esta escena trascendió la mera «solidaridad humanitaria» y se convirtió en un claro acto de participación política. Estos eventos se organizaron con el apoyo de cientos partidos y movimientos. El fracaso de los intentos de los embajadores israelíes de reprimirlos o desacreditarlos indicó un verdadero cambio en el equilibrio de poder dentro de la diáspora.
El Movimiento y sus simpatizantes también lograron organizar una multitudinaria marcha popular el 6 de octubre de 2024 en el corazón de Madrid, capital de España, en el marco de su conferencia general. Esta marcha reafirmó su apoyo a la resistencia en la Franja de Gaza, a pesar de los intentos de la entidad sionista de cancelarla y criminalizar a Masar Badil. De este espíritu revolucionario surgió la red “Tariq el-Tahrir» (Camino de la liberación), la rama juvenil y estudiantil del movimiento.
En mi opinión, la importancia de este progreso reside en la claridad de la línea política del movimiento. Masar Badil no recurre a maniobras lingüísticas ni se esconde tras consignas ambiguas. Más bien, declara una postura explícita contra la «solución de dos Estados» como proyecto liquidacionista y reafirma el objetivo de liberar Palestina desde el río hasta el mar como marco unificador para la lucha nacional y social.
Esta claridad es precisamente lo que ha convertido al movimiento en blanco directo de campañas de represión y criminalización, y de intentos de incluir a sus organizaciones en las llamadas «listas de terroristas». Sin embargo, este ataque desenfrenado reveló la magnitud de la preocupación que genera el Movimiento. Organizaciones como la Red Samidoun, para la Defensa de los Prisioneros, el Movimiento de Mujeres Palestinas Alkarama, y Tariq el-Tahrir, entre otras estructuras populares que forman parte de Masar Badil, no fueron atacadas porque sean débiles, sino porque representan un núcleo real de una base popular internacional que va más allá de la lógica de las organizaciones no gubernamentales, y que vuelve a conectar la diáspora con la resistencia en Palestina, especialmente con el movimiento de prisioneros y los campos de refugiados y la resistencia en la Cisjordania ocupada y la Franja de Gaza.
En este contexto, el movimiento también plantea un enfoque crítico necesario sobre la experiencia del «boicot», considerándolo una herramienta importante que no debe separarse del derecho al retorno, la lucha de los refugiados, los prisioneros y la resistencia, ni convertirse en un sustituto del proyecto de cambio revolucionario. El boicot, sin un horizonte político de liberación claro, corre el riesgo de ser despojado de su contenido y absorbido por lógicas liberales estériles.
La convocatoria de la conferencia de São Paulo tiene un significado adicional que trasciende la dimensión palestina. Tiene su origen en América Latina, un continente donde el imperialismo estadounidense explota sus recursos y pueblos, donde el colonialismo sigue vivo y donde las luchas de sus pueblos aún ven a Palestina como un reflejo de sus propias batallas. Esto es una confirmación de que el mundo es más amplio que el centro imperial, y que la construcción de una base popular global pasa por Asia, África y Sudamérica, así como desde el seno de las propias potencias coloniales.
En conclusión, lo que propone Masar Badil no es una fórmula mágica para la liberación, sino una reafirmación de principios fundamentales que han quedado en el olvido: no puede haber liberación sin organización, no puede haber resistencia sin apoyo popular, ni confrontación con el movimiento sionista sin romper las ilusiones de la “solución” que se produjo de los Acuerdos de Oslo.
Por lo tanto, la conferencia de marzo de 2026 marca el inicio de una nueva fase de compromiso político abierto ante la continua guerra de exterminio en la Palestina ocupada. Este movimiento revolucionario, liderado por fuerzas y vanguardias palestinas e internacionales, se esfuerza por transformar el exilio y la diáspora, de un espacio de solidaridad a un renovado escenario de confrontación.
