Autor: Khaled Barakat

Este artículo fue publicado originalmente en árabe por Palestina Today. Traducción al castellano: Masar Badil – Movimiento Ruta Revolucionaria Alternativa Palestina.

En el aniversario de la partida del histórico dirigente revolucionario George Habash, Khaled Barakat analiza cómo el proyecto del llamado “Estado palestino” desplazó los objetivos de liberación integral, facilitó la hegemonía de la burguesía palestina y condujo al desastre de Oslo. Un recorrido crítico por las encrucijadas políticas de la OLP, la izquierda palestina y el vaciamiento del proyecto revolucionario.

El Dr. George Habash, ni el Frente Popular para la Liberación de Palestina ni las fuerzas de la izquierda palestina lograron conducir la revolución palestina hacia un proyecto de liberación y de establecimiento de un Estado democrático en todo el territorio nacional palestino, como alternativa al proyecto del llamado “Estado palestino independiente”.

En cambio, Yasser Arafat consiguió hacerse con la decisión política palestina desde 1974, sustituyendo los objetivos de la revolución por la preservación de la institución y del poder, lo que condujo a la catástrofe de Oslo que continúa hasta hoy.

El concepto de “Estado palestino” se infiltró en la revolución palestina y en el pensamiento de la izquierda, adquiriendo un efecto casi mágico sobre amplios sectores populares. En nombre del “Estado” se fueron abandonando, uno tras otro, los grandes objetivos nacionales de la revolución; posteriormente se dejó de lado lo que se conoció como el “programa por etapas”, desmontando todos sus pilares.

La pregunta sigue golpeando nuestras conciencias: ¿por qué el Dr. Habash no logró fundar la alternativa revolucionaria democrática? El propio Hakim respondió:

“Porque la alternativa revolucionaria no es una decisión que se toma ni un deseo voluntarista; es un título para la lucha, condicionado por factores objetivos y subjetivos. Es un proceso acumulativo y continuo de lucha. El cambio y el traspaso del liderazgo de una clase a otra es un proceso revolucionario complejo y sinuoso, que no avanza en línea recta.”

Sin embargo, Hakim insistía en no detenerse en esta conclusión general. Señalaba:

“Juzgar a la Organización para la Liberación de Palestina y el callejón sin salida al que ha llegado implica también juzgar a la burguesía palestina dominante, pero debe significar igualmente, desde otro ángulo, juzgar a las fuerzas de la izquierda palestina, especialmente al Frente Popular, como la principal corriente de izquierda en el escenario palestino.”

La “entidad palestina”

Los primeros indicios del conflicto interno en el escenario palestino en torno a las llamadas “soluciones políticas” aparecieron años antes del nacimiento del “programa por etapas” y de sus tres pilares (retorno, Estado y autodeterminación), desde finales de los años sesenta.

En la estrategia política y organizativa del Frente Popular (febrero de 1969) se lee:

“Después del cinco de junio, los jóvenes de los campamentos se escondían en las montañas y se atrincheraban en las ciudades, dirigían sus balas al pecho de Israel y recibían las balas de Israel en sus propios pechos. Precisamente en ese momento, los dirigentes burgueses tradicionales recibían a Sasson, Dayan y a los gobernadores israelíes, y debatían con ellos el tema de la entidad palestina el cual Israel estaba planificando para liquidar la causa palestina.”

Esa “entidad palestina” era la misma idea que crecía en el seno de múltiples iniciativas tras la derrota de 1967: el proyecto del Reino Unido, el autogobierno administrativo o las Ligas de Aldeas. Más tarde se habló de “tierra por paz” y de las resoluciones 242 y 338, pero la idea sionista de una entidad palestina subordinada persistió hasta materializarse en la Autoridad Palestina en 1994.

Desde 1974, cuando el régimen árabe oficial acogió a la dirección de la Organización para la Liberación de Palestina y la consideró el único representante legítimo del pueblo palestino, se produjo el reconocimiento internacional de esta organización y el famoso discurso de Yasser Arafat en las Naciones Unidas ese mismo año. A continuación, la derecha palestina afianzó su control sobre todos los organismos políticos, financieros y militares palestinos, así como sobre las uniones populares y sindicales y los centros de investigación y planificación, lo que le permitió ejercer un control casi total sobre el centro de decisión de la revolución.

Cuanto más se afianzaba la derecha palestina en las instituciones palestinas, cuanto más exageraba la «identidad palestina independiente» y el «Estado independiente», las clases populares palestinas perdían una nueva parte de su proyecto liberador y de su arraigo popular árabe, hasta que perdieron lo que se había logrado —teórica y políticamente— en los seis primeros años desde el inicio declarado de la revolución en 1965. Se tambalearon los cimientos de la visión nacional y patriótica en la que todos coincidían, plasmada en el Pacto Nacional Palestino y en la definición de los objetivos de la revolución: la liberación total, la construcción de una sociedad democrática y el establecimiento de un Estado democrático y laico único en Palestina.

En un discurso pronunciado en la Universidad Árabe de Beirut sobre la postura del Frente Popular respecto a la Conferencia de Ginebra de 1973, Habash rechazó categóricamente todas las bases de dicha conferencia, considerando que la ocupación de Palestina comenzó en 1948 y no en 1967. Rechazó también las resoluciones 242 y 338, aun siendo consciente de que grandes potencias regionales e internacionales (incluidas fuerzas amigas y aliadas) presionaban en favor del proyecto del “Estado palestino”. Pese a estas realidades y presiones, el Frente Popular se enfrentó al proyecto del “Estado palestino” y publicó en marzo de 1973 un libro especial titulado: El Estado palestino: la solución liquidacionista de la causa palestina.

No obstante, esta postura valiente y científica en el diagnóstico de la realidad no resistió mucho tiempo, y fue abandonada con la adopción del “programa de los diez puntos” y con la aceptación, por parte de las facciones palestinas —incluido el Frente Popular—, del proyecto del “programa por etapas”, del cual la burguesía palestina solo quiso una expresión: construir la autoridad nacional sobre cualquier palmo de Palestina que fuese liberado.

La burguesía palestina, especialmente en los territorios ocupados, se mostró en varias ocasiones dispuesta a avanzar hacia una “solución” y a saltar al vacío. Este enfoque se reforzó tras la invasión de Beirut en 1982 y los resultados catastróficos de aquella batalla para la causa palestina y para el Líbano; el más importante de ellos fue la destrucción de la capacidad militar de la revolución y sus aliados, y la consolidación de una amplia convicción en Arafat (precedido por Anwar Sadat) de que “el 99 % de las cartas de la solución están en manos de Estados Unidos”. Esto abrió la puerta a iniciativas políticas como la Iniciativa Fahd (1983) y el Acuerdo de Ammán (1985). Luego estas iniciativas se multiplicaron, todas empujando hacia una liquidación de la causa palestina. La dirección de la revolución las acompañaba, las cortejaba constantemente e incluso las cubría políticamente.

En una entrevista televisada en inglés con Associated Press, realizada en su oficina en Damasco, sobre las diferencias con Arafat y “la gravedad de la división en la OLP”, Hakim dijo:
“Debo reconocer que la división es muy seria. Seguimos insistiendo en una sola OLP a pesar de las grandes diferencias, pero debemos superar esta divergencia, porque es peligroso que nuestro pueblo se divida mientras libramos nuestra lucha contra Israel… Arafat decidió aliarse con el régimen de Camp David, con Reagan y con el régimen jordano… Sí, nuestra discrepancia es profunda. Organizativamente, la OLP es un amplio frente nacional que incluye a todas las clases, facciones y personalidades nacionales. Lo que ocurre en Ammán no es una sesión del Consejo Nacional Palestino, sino una conferencia de Yasser Arafat, además de ser ilegal según los estatutos internos del Consejo Nacional.”

El periodista le preguntó de nuevo: “¿Cree entonces que Arafat se ha convertido en parte del eje estadounidense? ¿Quiere decir que se ha vuelto un traidor, según ustedes?”
Habash respondió: “Sí, en gran medida, aunque de forma indirecta, porque Estados Unidos todavía lo rechaza. Pero si Arafat continúa por este camino, creo que el pueblo palestino no lo aceptará como dirigente de la organización. Entonces fundaremos una nueva Organización para la Liberación de Palestina sin Arafat y sin su línea política.”(4)

La intifada y el Estado

Con el estallido de la gran intifada popular en 1987, la burguesía palestina encontró su oportunidad en el lema “libertad e independencia” como consigna organizadora del levantamiento; un lema que para todos significaba una sola cosa: el Estado palestino. Así, la intifada proporcionó una base común para la unidad palestina, para salir de la división, para celebrar la sesión unificadora del Consejo Nacional Palestino en Argel y para declarar la independencia y el establecimiento del Estado palestino… pero solo sobre el papel.

En un artículo titulado “La burguesía y el Estado: el sistema árabe existente y la situación palestina”, Hakim escribió:
“El lema del establecimiento del Estado palestino, que constituye el núcleo del consenso nacional palestino, es un lema en confrontación con el plan imperialista-sionista. Y las fuerzas que lo enarbolan, incluida la burguesía palestina, son fuerzas en conflicto con ese plan y con sus objetivos sospechosos.”(5)

Entonces, ¿por qué cambió la posición de Hakim y del Frente Popular respecto a finales de los años sesenta, tal como se expresó en su discurso de 1973 en la Universidad Árabe de Beirut y en el libro El Estado palestino: la solución liquidacionista de la causa palestina?

A mi juicio, este nuevo posicionamiento frente al proyecto del “Estado” fue resultado del peso de las fuerzas internacionales y regionales que empujaban en esa dirección, así como del desequilibrio interno palestino a favor de la derecha. Puede decirse también que el Frente Popular vivió contradicciones internas respecto a este tema, expresadas en posturas y polarizaciones agudas, incluida la oposición de dirigentes históricos y de peso como Abu Maher al-Yamani y el mártir Wadie Haddad; sin embargo, no lograron mantener al Frente fuera del marco de la OLP.

Además, el rechazo del enemigo sionista incluso a debatir el “tema del Estado palestino” contribuyó, intencionadamente o no, a popularizar la idea del Estado palestino en los círculos populares como “la solución posible”. Nadie preguntaba entonces: ¿el Estado de quién exactamente? ¿Dónde se establecería? ¿Cómo? La burguesía palestina mezclaba deliberadamente términos como “liberación, independencia, libertad y derecho de autodeterminación” con “Estado palestino”, como si fueran lo mismo. Por eso recurrió al archivo y a consignas del tipo “establecer la autoridad nacional sobre cualquier palmo liberado”.

Se puede decir que los resultados de la primera Guerra del Golfo, el colapso del bloque socialista encabezado por la Unión Soviética y otros factores regionales y locales, junto con la Conferencia de Madrid y la participación de la OLP en ella —en contra de las seis condiciones fijadas por el Consejo Nacional Palestino—, crearon el terreno propicio para que la dirección de la OLP, junto con grandes comerciantes y agentes capitalistas dentro y fuera, se lanzara por la pendiente catastrófica contra la que George Habash había advertido repetidamente sin lograr detenerla. Esta pendiente se materializó en la firma del Acuerdo de “Declaración de Principios” entre la dirección de la OLP y el enemigo sionista, conocido más tarde como los Acuerdos de Oslo (13 de septiembre de 1993).

¿Para esto luchamos?

Hakim, que consideró que la intifada popular en los territorios ocupados había “trasladado el lema del Estado palestino del ámbito de la posibilidad histórica al de la posibilidad real”, y que seguía afirmando que materializar ese Estado sobre el terreno era un proceso largo de lucha que requería más esfuerzo y combate, se encontró tras la Conferencia de Madrid en el campamento de Yarmouk, preguntando a la gente en un mitin popular:
¿Luchó nuestro pueblo para que venga tal o cual líder y haga caso omiso de todas las decisiones de los consejos nacionales?
¿Luchó nuestro pueblo durante medio siglo por un insignificante autogobierno administrativo?
¿Hizo todos estos sacrificios para aceptar la eliminación de la representación palestina y todas las condiciones estadounidenses y sionistas de las supuestas negociaciones de paz?(6)

Conclusión general

Así se destruyeron las instituciones de la OLP en favor de establecer una frágil entidad palestina llamada “Autoridad Palestina”. El Frente Popular estuvo en lo cierto en sus primeros años al advertir que la gran burguesía palestina acabaría recorriendo este camino si seguía dominando la revolución y la organización. Sin embargo, esta postura se debilitó y retrocedió posteriormente, y sigue estancada hasta hoy.

La burguesía palestina obtuvo su entidad y miles de millones de dólares, pero no vimos ningún Estado en 1999, como se suponía según la “Declaración de Principios”. Lo único que vimos fue una autoridad dependiente y maniatada, y el crecimiento de las cuentas y proyectos de la burguesía palestina a costa de las clases populares y de los derechos nacionales del pueblo palestino. A lo largo de todo el proceso de negociación, desde Oslo, esta burguesía fracasó en hacer realidad el lema de “libertad e independencia”, y se derrumbaron todas sus vacías consignas sobre el “Estado independiente”.

Por su parte, el sabio George Habash nunca renunció, a lo largo de su vida, a su firme convicción de que la solución histórica al conflicto palestino-sionista consistía en la creación de un único Estado palestino democrático en todo el territorio nacional, con Jerusalén como capital, y en la recuperación por parte del pueblo palestino de todos sus derechos nacionales. Sin embargo, siguió considerando que el Frente Popular había logrado vincular el «programa gradual» con los objetivos estratégicos de la lucha nacional palestina. Esta postura, en concreto, necesita hoy ser revisada, reexaminada y comprendida.

 

La experiencia de lucha demuestra que Hakim subestimó el grado de disposición de la burguesía palestina a renunciar a todos los derechos con tal de asegurar sus propios intereses y privilegios, hasta el punto de construir una alianza y cooperación económica, de seguridad y política entre la entidad palestina subordinada y la entidad sionista ocupante y dominante.

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