Desde Palestina hasta América Latina, la ofensiva imperial avanza con guerras, saqueo y militarización. En este artículo, Lisandro Brusco, activista y militante de Masar Badil en Argentina, analiza cómo el genocidio contra el pueblo palestino, la represión en nuestra región y la expansión del complejo militar-securitario forman parte de un mismo proyecto colonial, y llama a reconstruir la unidad internacionalista de los pueblos frente al imperialismo y el sionismo.
La escalada genocida sobre el pueblo palestino; los permanentes ataques sobre el sur del Líbano; la intervención militar en la República Bolivariana de Venezuela, con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la primer combatiente Cilia Flores; los intentos de desestabilización sobre la República Islámica de Irán; las amenazas constantes sobre Cuba; la intención de anexión de otros territorios, como Groenlandia; son parte de la agenda imperial de EEUU para no perder su hegemonía a escala global. La apropiación de los bienes comunes y el control territorial de América Latina y el Caribe son tan importantes como el dominio de Asia Occidental para apropiarse de las riquezas minerales, energéticas y rutas comerciales.
De todas formas, mientras el imperialismo estadounidense profundiza su ofensiva contra los pueblos del mundo (intensificando guerras, bloqueos, golpes de estado y procesos de colonización económica), Palestina permanece en primera línea de la confrontación global, enfrentándose a la ocupación sionista como la expresión más avanzada del proyecto colonial contemporáneo. La resolución de la histórica lucha del pueblo palestino para América Latina y el Caribe es determinante. El mismo enemigo, con el mismo propósito, oprimir a los pueblos y apropiarse de los bienes comunes, acecha ambos territorios.
Como respuesta de los pueblos a la agenda imperial podemos señalar que: la resistencia en Palestina, Yemen, Irak y Líbano continúa mostrando fortaleza política, militar y moral; la república Islámica de Irán, con su pueblo a la cabeza, ha demostrado, una vez más, cohesión interna y respaldo a la Revolución; en Occidente, miles de personas siguen expresando su repudio al accionar criminal del régimen colonial israelí y se movilizan contra las políticas de ajuste económico impuestas para sostener las distintas guerras genocidas; en Estados Unidos, en cada protesta contra la política represiva hacia la población migrante, aparecen banderas palestinas; en el Reino Unido, un grupo de activistas del colectivo Palestine Action fue sometido a encarcelamiento preventivo sin juicio durante más de un año, tras desafiar a empresas armamentísticas vinculadas al régimen israelí. Luego de una huelga de hambre que se prolongó por más de dos meses, el proceso judicial avanzó y concluyó con su absolución; en los últimos días, seis de los activistas recuperaron la libertad. Estos hechos se inscriben en un contexto de crisis del orden internacional, reconocida incluso por medios de comunicación, analistas e intelectuales del propio sistema. El desafío hoy es la construcción de un nuevo marco internacional.
Latinoamérica y el Caribe: control social, represión y saqueo.
La retórica imperial sobre la amenaza terrorista y narcoterrorista sobrevuela Latinoamérica y el Caribe hace décadas. De hecho, este “enemigo” aparece ya en documentos estratégicos de EE. UU. desde la década de los ’90. Pero, a partir del 2001, con la declaración de la “Guerra Global contra el Terrorismo”, el gobierno estadounidense cambió su estrategia de intervención política, económica y militar hacia el mundo y, particularmente, hacia Latinoamérica y el Caribe.
En nuestra región, la “Guerra Global contra el Terrorismo” respondió a la necesidad del capitalismo de contener los estallidos sociales de las crisis económicas cada vez más prolongadas, mediante la constitución de un enemigo interno (cualquiera podía serlo): migrantes, activistas, trabajadores, desempleados, pueblos originarios devinieron en sujetos plausibles de ser perseguidos y reprimidos con armas cada vez más nocivas; ya no, como en el pasado, por parte de regímenes dictatoriales sino por gobiernos “democráticos”. Respondiendo a esta necesidad fue como el mercado militar y de seguridad israelí profundizó los vínculos comerciales con distintos países de la región.
Las largas décadas en que el régimen colonial israelí desarrolló tecnología para controlar, asesinar y reprimir a palestinos le han significado una gran ventaja comparativa. Lo que para el pueblo palestino es una tragedia, para la entidad sionista resulta una vidriera en la que expone la eficacia de su tecnología de muerte “probada en el terreno”. Esto le permite destacarse en la venta de armas, en ciberseguridad y en el asesoramiento y formación de fuerzas policiales, militares y servicios de inteligencia. Mientras bombardea Gaza y Líbano, “Israel” ofrece sus misiles guiados por inteligencia artificial, que le permite fijar blancos con una cantidad “aceptable” de “daños colaterales”.
En Latinoamérica y el Caribe la militarización es una realidad y está muy lejos de ser un fenómeno externo. Los acuerdos militares, de seguridad, defensa y formación de las fuerzas represivas en la región con el ente genocida de “Israel” no son casuales: forman parte de una estrategia geopolítica del imperialismo norteamericano en la región para garantizar, a sangre y fuego, el saqueo, el ajuste, la concentración y la extranjerización de la tierra.
Por su parte, el gobierno argentino quiere ir un paso más allá. No solo con los acuerdos con XtraLit (compañía israelí especializada en tecnología de Extracción Directa de Litio) y con Mekorot (empresa estatal de agua israelí); sino que, Javier Milei, en apenas dos años, ha profundizado las relaciones con el régimen de Tel Aviv en los llamados “Acuerdos de Isaac”: una nueva iniciativa, inspirada en los denominados “Acuerdos de Abraham”, orientada a fortalecer los vínculos políticos, económicos y culturales entre el régimen colonial israelí y un bloque de países latinoamericanos subordinados a los intereses imperiales.
La lucha antimperialista no tiene fronteras.
“No hay fronteras en esta lucha a muerte, no podemos permanecer indiferentes frente a lo que ocurre en cualquier parte del mundo, una victoria de cualquier país (o pueblo) sobre el imperialismo es una victoria nuestra…” Ernesto “Che” Guevara (Discurso en Argel – 1965)
Por un lado, desde el poder colonial e imperialista, junto con las fuerzas reaccionarias árabes, intentan debilitar el campo de la resistencia, con el fin de cumplir el objetivo de controlar Palestina y extender su dominio hacia Líbano y Siria; y desestabilizar a la República Islámica de Irán. Por su parte, en Latinoamérica y el Caribe se atraviesa una etapa crítica, marcada por el avance de la extrema derecha, y una injerencia imperial sin precedentes.
Es precisamente para enfrentar esta realidad que, a finales de marzo (30 – 31 en Sao Paulo, Brasil), desde Masar Badil realizaremos nuestra conferencia como un espacio político de debate, articulación y organización:
“Un espacio para vincular la lucha palestina con las luchas de los pueblos de América Latina, y para denunciar el papel del lobby sionista, de las empresas de seguridad y de la militarización de nuestros territorios. En este sentido, llamamos a las fuerzas de la resistencia palestina a asumir una posición unificada, pública y contundente, y convocamos, también, a los movimientos populares de América Latina y el Caribe a comprender que Palestina no es una causa distante, sino parte de las mismas estructuras de saqueo, explotación y militarización que atraviesan nuestros territorios.”
Lo que se requiere hoy del campo de la Resistencia, independientemente de las tendencias políticas, es iniciar un diálogo estratégico abierto que vaya más allá de lo coyuntural y lo táctico para definir una visión de lucha común que allane el camino hacia el enfrentamiento contra las fuerzas del colonialismo, el imperialismo y el capitalismo.
Consideramos que no hay emancipación posible sin desmantelar las estructuras del capitalismo colonial que sustentan la explotación, el saqueo, la miseria y la guerra. En tiempos de ofensiva reaccionaria y recolonización, nuestra tarea histórica es volver a conectar los hilos de la lucha entre Palestina, América Latina y el Caribe; y construir un proyecto revolucionario a la altura de la crisis del sistema.
Toda nuestra acción tiene que ser un grito de guerra contra el imperialismo y el capitalismo; y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica y el sionismo.
Lisandro Brusco
Movimiento Ruta Revolucionaria Alternativa Palestina (Masar Badil)
Febrero 2026