¿CÓMO RESISTIMOS IDEOLÓGICAMENTE A “ISRAEL”?, de Joseph Massad.

Artículo publicado por Mahmoud Mounir en la revista digital Al_Arabe Al Yadid (Nuevo árabe).

Traducción: Jalil Sadaka.

El historiador y comentarista palestino-jordano Joseph Masaad dio una conferencia el pasado domingo 10 de diciembre de 2020, organizada por la revista digital libanesa Al_Adab y en colaboración con la Campaña de Boicot a Israel en el Líbano, bajo el siguiente título interrogativo: ¿Por qué consideramos a Israel un enemigo ideológico?

 

El conferenciante abordó el conflicto árabe-sionista desde su profundo conocimiento de la Historia del continente europeo, que inventó el antisemitismo, considerado una base fundamental para la creación de la entidad sionista asumiendo el pensamiento colonial occidental, que pretendía expulsar a los judíos, considerados parásitos en Europa, para convertirlos más tarde, con la colonización de Palestina, en un pueblo productivo.

También afirmó que las raíces del movimiento sionista se remontan al movimiento de la reforma protestante.

En el debate posterior a la conferencia virtual presentada por la académica e investigadora Rania al Masri, se plantearon muchas preguntas entre las cuales cabe destacar: ¿Por qué se debe considerar a Israel un enemigo existencial? ¿Cuáles son los objetivos, a largo plazo, del proyecto sionista? ¿Han cambiado estos objetivos? ¿Cuál es la relación entre el proyecto colonial occidental y el sionista?

Inventar Atenas y Israel

Joseph Masaad quiso aclarar al inicio de su intervención que “existe una errónea interpretación del proyecto sionista, que se remonta a una época anterior al movimiento de la reforma protestante del siglo XVI, cuyos líderes más representativos defendieron la necesidad de convertir a los judíos al protestantismo, para instalarlos, más tarde, en Palestina. Al inicio del periodo del Renacimiento, estos mismos líderes decidieron fabricar un origen histórico para Europa mediante la reinvención de “Atenas”, y el apoderamiento de la cultura de Grecia”. Así, explica que los griegos fueron secuestrados de Oriente para considerarlos fundadores de la cultura europea, paralelamente con los intentos de reconvertir a los judíos, que eran europeos y hablaban las diferentes lenguas de Europa, de occidentales a orientales.

El autor de la famosa obra “El Perpetuo Problema Palestino”, Joseph Massad (2006), afirmó que “ambos proyectos son dos afluentes del mismo río”, en referencia al interés en considerar a los judíos occidentales como palestinos, por lo tanto orientales, y los griegos como europeos, o mejor dicho occidentales. Estos proyectos tuvieron su traducción en un plan político de finales del siglo XVIII, con la fundación de nuevo Bizancio por pensadores griegos de la diáspora, en paralelo a la entrega de Jerusalén a los judíos. De este modo, Jerusalén y Constantinopla se convirtieron en las dos ciudades más importantes que deberían ser “recuperadas” del dominio otomano.

Prosiguió el autor su disertación: “En virtud de este planteamiento se creó un movimiento nacionalista griego que consideró a los griegos musulmanes como turcos y a los cristianos turcos como griegos, una división sectaria, sin duda. Paralelamente, los protestantes seguían con su objetivo de facilitar el “retorno” de los judíos a Jerusalén, con el fin de acelerar el advenimiento del Mesías”. En este contexto estalló una importante guerra, la de Crimea, como primer paso para el control de Palestina. Los anglicanos iniciaron su campaña para convertir a los judíos y los cristianos palestinos al protestantismo. Gran Bretaña abrió el primer consulado en Jerusalén en 1838, tres años después, se construyó el primer centro de culto anglicano de la ciudad, cuyo primer jefe fue un judío alemán converso, con la intención de animar a los judíos a seguir su ejemplo.

El conferenciante destacó también el hecho de que, a finales del siglo XIX, colonos americanos y alemanes seguidores de los Caballeros Templarios construyeron las primeras colonias en Palestina. El asunto adquirió mayor interés con la intensificación de las campañas de conversión de judíos y cristianos palestinos a la Iglesia Anglicana. Los rabinos judíos se resistieron, al considerar que esta campaña no era más que un intento de conversión al cristianismo europeo. Una pequeña fracción de judíos aceptó esta fe a partir del 1880, cuando recibieron el apoyo para crear las primeras colonias agrícolas o kibutz. El proyecto colonizador de Palestina no difiere mucho de otros planes de establecimiento de colonias agrícolas realizados por los franceses en Argelia y Túnez, italianos en Libia, y otros proyectos coloniales en África, Australia y Nueva Zelanda.

Un proyecto colonial sin límites

Fracasado el proyecto protestante de convertir a los judíos en anglicanos, se estableció un proyecto de colonización diferente para aquellas minorías judías de Europa y Estados Unidos que se negaron a participar en este proyecto de conversión al anglicanismo o a emigrar a Palestina. El conferenciante resaltó este detalle por su importancia para entender el proyecto sionista en Palestina y, sobre todo, su relación íntima con el proyecto colonial europeo.

Los objetivos del sionismo

El historiador Joseph Masaad aludió en su disertación a las causas que justificaron la creación del movimiento sionista, liderado por el judío austriaco Theodor Herzl en 1897, a pesar de que anteriormente pedía al Vaticano convertir a los judíos a la religión católica.

El movimiento sionista comenzó de inmediato la búsqueda de un estado europeo dispuesto a patrocinar su proyecto colonial basado en planteamientos religiosos. Un proyecto que en esencia imita la conquista de los blancos del continente americano, o de los inmigrantes europeos en Sudáfrica. Todos estos proyectos de colonización se basaban en la supuesta existencia de un dios que otorga a sus seguidores derechos sobre las tierras ajenas.

En un contexto paralelo, el autor del libro “Desiring the Arabs” (2007) explicó que el proyecto de reconstrucción de civilizaciones antiguas fue copiado por el movimiento sionista de los movimientos coloniales europeos, concretamente, señala el autor, a los rusos, o griegos que habían intentados adueñarse de la civilización bizantina, o Italia y Francia que pretendían restaurar el imperio romano en el norte de África. En imitación, el movimiento sionista pretende resucitar la vieja gloria del reino de David, mediante la creación de colonias de judíos europeos, obteniendo la complicidad de potencias del viejo continente. Parten de un ideal racista, la “superioridad” del hombre blanco, comparado con “los pueblos primitivos” como los árabes. Herzl argumentaba que los judíos siempre serán orientales en Occidente y occidentales en Oriente.

Añade el autor: A finales del siglo XVIII hubo muchos especialistas en Francia que defendieron la agricultura como base principal de la economía moderna; economistas judíos se opusieron a esta idea, puesto que los judíos nunca se destacaron por labores agrícolas. En Rusia desde la época de la emperadora Catalina los esfuerzos se concentraron en la agricultura, los judíos fueron obligados a trabajar en este sector, como forma de alejarlos del control que ejercían sobre el comercio y la banca. De este modo empezó el interés de los judíos por la agricultura, este hecho se utilizó como base para la creación de colonias agrícolas en Palestina, con ello se aliviaron los sentimientos de los antijudíos que los consideraban una carga para las sociedades europeas, estos judeófobos, por lo tanto, recibieron positivamente el proyecto de colonización judía del campo palestino.

Israel enemigo no sólo de los árabes, sino del “Tercer Mundo”

En su conferencia, Massad habló de la solidaridad de todo el mundo árabe y el “tercer mundo” con el pueblo argelino en sus luchas durante el período del colonialismo francés, que sucedió de manera similar en Libia después de la ejecución de Omar alMukhtar en 1931, cuando las manifestaciones de condena del colonialismo italiano se extendieron desde Estambul hasta África, y muchos vieron que el colonialismo italiano y francés afectan a todos los pueblos del Tercer Mundo, donde los «blancos» reclaman el derecho a colonizar a otros. Lo mismo se aplica al Líbano, donde el movimiento sionista tenía como objetivo controlar su sur hasta el río Litani, y conspiró con la derecha cristiana para construir un estado sectario, ya que apuntó al Líbano en sus redadas durante las décadas de 1950 y 1960, y las conspiraciones aún continúan.

Los proyectos sionistas se multiplicaron en la década posterior a 1897, de modo que se propusieron varios países, entre ellos Argentina, Angola, Uganda y Libia, y cuando se eligió Palestina, sus fronteras quedaron indefinidas según las circunstancias coloniales, y no fueron especificadas en la «declaración del estado» donde Ben Gurion consideraba que el pueblo judío es quien las decide. La decisión de partición (de 1947) estableció límites que incluyen un área menor que el área controlada por las bandas sionistas en 1948, y el tema de las fronteras permaneció abierto al movimiento sionista, ya que algunos colonos compraron tierras en el este de Jordania a fines del siglo XIX, y el partido Likud todavía reclama el este de Jordania hasta el día de hoy. En contraste, un enfoque liberal dentro de la entidad ve a Jordania como el estado disponible para los palestinos, con el fin de establecer un conflicto entre dos pueblos hermanos, el  palestino y el  jordano.

El complejo de inferioridad de los árabes

Massad recordó cómo «Israel» bombardeó Irak, Túnez y Sudán e intervino apoyando a  las dictaduras árabes desde la década de 1960, y bombardeó e invadió Egipto, Jordania, Líbano y Siria. En la guerra de desgaste, por ejemplo, alrededor de un millón de egipcios de las ciudades del Canal de Suez buscaron refugio en otras ciudades e “Israel” derribó un avión libio en 1973, además de intervenir en países africanos y latinoamericanos apoyando regímenes dictatoriales contra sus pueblos.

La democracia del colonizador

¿Puede Israel convertirse, algún día, en país democrático? El conferenciante en su respuesta a esta pregunta se mostró tajante: “Es imposible”. Y argumentó: “el pensamiento sionista parte de la idea de crear un estado puramente judío, la igualdad con otros que no lo sean no está contemplada”. Y esta no es una afirmación gratuita, se demuestra por los hechos que se desarrollaron desde la creación de este estado, la expulsión del 90% de la población palestina, la aprobación de decenas de leyes que consagran la discriminación contra los palestinos. Cuando las autoridades de Israel vieron la posibilidad de perder la hegemonía demográfica a favor de los palestinos, aprobaron la ley de nacionalidad, que consagra los derechos y ventajas étnicas de los colonos judíos, al margen de su porcentaje o peso demográfico. Conforme a esta ley los palestinos son aceptados con la condición de que no se les otorgue el derecho de ciudadanía completa. Es más, fueron divididos en varios segmentos, del mismo modo que los negros bajo el régimen del apartheid en Sudáfrica, de modo que en el vértice están los palestinos del territorio ocupado en 1948, un escalón más abajo están los de Cisjordania, y en el último escalón están los habitantes de Gaza.

La resistencia ideológica

El autor destaca la importancia de lo que llama “resistencia ideológica”, ya que Israel intenta presentarse ante la opinión pública occidental como la Roma moderna, rodeada de bárbaros.

Calificó a los gobiernos árabes que han reconocido a Israel como afectados por el síndrome de inferioridad, recordó que el racismo de Israel engloba a todos los árabes y los pueblos del tercer mundo en general. Israel considera a los judíos una raza blanca no solo superior a todos los pueblos que le rodean, sino un pueblo elegido, lo que supone un grado superior de racismo, por lo tanto, es superior al occidental, el hecho de  incluirse en la raza blanca y occidental es mera táctica, y una concesión para evitar el rechazo ancestral.

También aclaró que los objetivos del BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones) son nobles y que pretenden acabar con el régimen de segregación racial de Israel, afirmando que el BDS, con sus planteamientos, desmonta una parte sustancial de la ideología sionista, haciendo referencia a la propuesta de un intelectual palestino llamado Salman Abu Setah de establecer un plan ejecutable que en líneas generales permite el retorno de todos los palestinos, sin que ello suponga la expulsión de colonos judíos, que en su gran mayoría viven en una tierra de propiedad pública y no privada.

El conferenciante no eludió los temas espinosos como el desmantelamiento del sionismo, que según afirmó requiere una serie de condicionamientos internos de Israel, y además poner fin a la Autoridad Nacional Palestina, a la que acusó de enemistarse con su propio pueblo y que, en su estado actual, caracterizado por la corrupción y la represión, fortalece a Israel. Comparó la ANP con el resto de los regímenes árabes alineados con Israel. Instó a los sectores resistentes del pueblo palestino a alumbrar un nuevo pensamiento democrático y económico y no se limitaran a la cuestión política.

Insistió que no se puede hacer borrón y cuenta nueva dado el grado de injusticia y usurpación cometidos por el sionismo. Y concluyó recordando en este aspecto lo dicho por el escritor y político palestino Ghassan Kanafani- asesinado por Israel- en su novela titulada “De Vuelta a Haifa”, la patria es el futuro y no el pasado, resulta imposible que Palestina vuelva a ser lo que fue antes de la ocupación. Concluyó diciendo que es necesario pensar en una nueva y libre palestina, libre de injusticia, de colonialismo. Una patria nueva que nunca más utilice la represión contra su pueblo ni ningún otro.

Fuente: https://www.alaraby.co.uk/culture/جوزيف-مسعد-كيف-نقاوم-إسرائيل-أيديولوجياً

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