Diálogo con el líder del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil, João Pedro Stédile, quien abordó el escenario de la izquierda en Brasil, la necesidad de una articulación internacional en defensa de las causas justas y el enfrentamiento al imperialismo.

La izquierda latinoamericana no está en condiciones de enfrentar la crisis capitalista y está en deuda en el sentido de descubrir nuevas formas de lucha para proponer cambios estructurales en las masas, aseguró el líder del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil, João Pedro Stédile.

Para el dirigente obrero, las fuerzas de izquierda en la región todavía están muy atrapadas en la institucionalidad, con las elecciones, y eso puede tardarse un tiempo hasta que surja una nueva generación de luchadores, con otras prácticas, otra visión del mundo y una nueva alma.

En declaraciones exclusivas al canal panárabe Al Mayadeen, el economista de formación, abordó el escenario de la izquierda en Brasil, la necesidad de una articulación internacional en defensa de las causas justas y el enfrentamiento al imperialismo.

De acuerdo con el luchador por los derechos de los trabajadores brasileños, es necesario abandonar las cuestiones individuales y apostar por proyectos y programas de política social integracionistas.

El defensor social insistió en la urgencia de la unidad de toda la clase trabajadora mundial para hacer frente a la globalización capitalista y a la presencia de las empresas transnacionales.

Fiel seguidor de los procesos revolucionarios de izquierda en Cuba, Nicaragua, Venezuela y de la cooperación sur-sur, Pedro Stédile abordó también el escenario interno de Brasil, la gestión del presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el respaldo a la causa del pueblo palestino.

¿Cómo valora la posición del presidente Luiz Inácio Lula da Silva y la izquierda de Brasil en el escenario político de América y a nivel internacional? 

– Lula fue muy perseguido en el pasado. Lo pusieron en la cárcel y le impidieron postularse, pero logramos sacarlo de la cárcel, donde nuestro movimiento tuvo un rol importante, porque nos quedamos también 580 días en vigilia, acampados frente a la cárcel. Y después que salió, se armaron las condiciones en Brasil para generar un frente amplio con el que logramos derrotar al fascismo y elegirlo presidente.

Y para eso Lula fue muy importante, porque sería el único candidato que tendría la fuerza suficiente para derrotar la extrema derecha, y aun así ganamos por dos puntos. Pero resultó también un gobierno de frente amplio, donde están dentro muchas fuerzas de la burguesía, de la derecha y de la izquierda progresista.

Entonces, ese es el Gobierno de Lula, de composición de clases. Por otro lado, el Gobierno asumió un Estado completamente dilapitado, porque los fascistas modernos quieren el Estado mínimo, a ellos no les interesa un Estado fuerte, porque toda su política es favorecer a las empresas transnacionales.

Esas fueron las empresas que financiaron el golpe contra Dilma Rousseff y después impusieron el Gobierno de Jair Bolsonaro. Así como fueron las empresas gringas, israelíes y el Mossad, quienes pusieron a Javier Milei en Argentina.

Entonces, esa es la naturaleza del Gobierno de Lula, no se puede esperar mucho. Además, en esas coaliciones, la crisis capitalista sigue y afecta también a Brasil, y el Gobierno de Lula con esa naturaleza no logra tener un proyecto de país, un programa que pueda apuntar para un futuro.

Las políticas que Lula está impulsando en este año y medio son todavía paliativas que no sacan a los trabajadores de la pobreza, no combaten la desigualdad social, y por eso seguimos con 30 millones de brasileños pasando hambre y con otros 70 millones que no tienen trabajo fijo, ni renta fija, ni derechos laborales.

 

El escenario en Brasil es muy difícil. En Brasil todos conocemos que el presidente Lula nunca se asumió como un hombre de izquierda en el sentido de ser antiimperialista y anticapitalista, él es humanista y es sindicalista.

Claro, tiene una sensibilidad social de querer ayudar a los pobres, pero no basta querer, hay que generar condiciones, acumular fuerzas y sobre todo, motivar a que la gente se organice para luchar.

Ahora, de nuestro lado, de la izquierda, en Brasil tenemos una situación muy compleja. La izquierda institucional que participa de los partidos y que incluso participa del Gobierno de Lula, están secuestrados por la lógica electoral, solo colocan sus energías para elegir diputados, para esa vida institucional.

Los partidos de izquierda en Brasil abandonaron como energía, como recursos, la voluntad política de organizar a la clase trabajadora y la lucha social, y quienes lo siguen haciendo son los movimientos populares y sindicales, que son parte de la izquierda en el sentido genérico, pero no son las principales fuerzas políticas del país.

Y aquí el reto principal es que como sufrimos una derrota muy grande con el advenimiento de la crisis del capitalismo en 2014, luego la prisión de Lula, el golpe contra Dilma, el ascenso de Bolsonaro, el genocidio de la Covid-19, que nos llevó a casi un millón de brasileños; todo eso afectó a la clase trabajadora.

Hoy nosotros estamos en un periodo histórico de descenso del movimiento de masas, y eso afecta, porque cuando las masas no luchan, no hay cambio de correlación de fuerzas. Nuestra posición como movimiento, más que todo, es poner energías en organizar a la gente y la lucha social, para que eso sea como un proceso permanente de acumulación de fuerzas.

¿Cuál es la realidad de la clase sindical de Brasil?

– En Brasil tenemos, del total de la población, 140 millones de trabajadores, la mitad de ellos tienen trabajo, están mínimamente organizados en sindicatos o en alguna forma, por lo menos laboral tienen derechos. Pero, hay otros 70 millones que están en la calle, que están abandonados, que no tienen trabajo fijo, que no tienen renta fija, y esa parte está abandonada incluso por la izquierda. Nosotros no sabemos cómo organizarlos, lo único que sabemos es que viven en la periferia de la ciudad, que la mayoría son jóvenes, que la mayoría son mujeres, que la mayoría son negros, y que sufren todo tipo de represión de parte del Estado.

Claro, tenemos un déficit muy grande, el sector del pueblo que está organizado y que tiene conciencia de clase es muy pequeño. Por ejemplo, aún de los 70 millones que tienen trabajo y están formalizados, solo el nueve por ciento está sindicalizado, entonces, eso genera un bajo nivel de conciencia crítica y, por lo tanto, un bajo nivel de participación política.

¿Cómo está posicionada de forma general la izquierda en América Latina?

– Para entender la situación de Latinoamérica, hay que dar una mirada un poco más amplia, histórica. Cuando hubo la crisis en la Unión Soviética y el ascenso del capital financiero que se globalizó y nos impuso el neoliberalismo en la década del 90, se generó una dispersión completa de la izquierda y de las condiciones de vida de la clase obrera. Perdimos ahí 10-15 años, donde estuvimos bajo derrota permanente.

El neoliberalismo no resolvió los problemas del pueblo, de la clase trabajadora, y los problemas agudizaron las contradicciones. Eso posibilitó entonces que, a principios del año 2000 con la victoria del comandante Hugo Chávez en Venezuela, logramos ganar las elecciones en varios países, pero en la mayoría de los países que ganaron gobiernos progresistas, ellos tampoco fueron resultado de un ascenso del movimiento de masas, fue mucho más una reacción contra el neoliberalismo.

Desde el 2000 hasta el 2014 hubo un gran enfrentamiento ideológico en Latinoamérica y eso generó una disputa que aparecía en los gobiernos y en la izquierda alrededor de tres proyectos, seguía el proyecto neoliberal subordinado al imperio estadounidense, donde había algunos países con sus gobiernos y la izquierda dominada.

Luego, había otro sector que era progresista y contra el neoliberalismo, por lo tanto, era a favor del fortalecimiento del Estado, pero no eran antiimperialistas. Y en aquel período, los países que se destacaron con esa línea fueron Argentina y Brasil.

Y había un tercer proyecto, que era el proyecto que impulsaba Chávez y que él para contraponer al proyecto del imperialismo, del neoliberalismo, el ALCA, le puso el nombre de ALBA, y alrededor del proyecto ALBA, con el liderazgo de Chávez desde Venezuela, se sumaron no solo el Gobierno progresista de Bolivia, de Ecuador, de Venezuela, de Nicaragua, de Cuba, sino que se generó una gran alianza de movimientos populares, que incluso nos llamamos ALBA Movimientos, que era una forma no solo de adherirse en el proyecto ALBA, sino de hacer militancia contra los otros dos.

El ALBA sí tenía un contenido como proyecto antiimperialista, un proyecto de integración popular y no solo de gobiernos. Y también, fue positivo que en aquel entonces se generaron las condiciones para producir otras articulaciones continentales impulsadas por Chávez, como fue la CELAC, que es muy importante como articulación institucional para contraponerse a la OEA. Y también, a nivel de América del Sur, hubo un impulso para UNASUR como un espacio económico.

Con la crisis capitalista desde 2014, con la crisis del petróleo venezolano, con la muerte del liderazgo de Chávez y otras dificultades que surgieron, Latinoamérica, desde 2014 hasta ahora, está inmersa en una crisis, en que ya ninguno de los tres proyectos, logra ser una propuesta.

Ni el neoliberalismo de los estadounidenses es solución para los problemas. El neoliberalismo ahora ya ni sigue como proyecto, porque las transnacionales frente a la crisis del capitalismo apelaron a los fascistas de la extrema derecha, que no había en el periodo anterior.

El proyecto neodesarrollista, progresista, que era Argentina, Chile y Brasil, también entró en crisis. De ahí, lo que expliqué antes, es muy difícil cualquier cambio en el gobierno de Lula. Entonces, el mismo proyecto que quiere ser antineoliberal, pero no quiere ser antiimperialista, está en crisis. Quizá México todavía mantenga una cierta viabilidad como proyecto.

El proyecto ALBA también, lastimosamente, entró en crisis, porque los países no tienen recursos, porque no logró ampliar su base política y se quedaron los mismos cuatro o cinco países originales y se sumaron solo las islas del Caribe que completan 10 países, pero en Latinoamérica somos 34.

El Proyecto ALBA también está en un periodo de descenso, y todo ese análisis que estoy haciendo nos lleva a leer la realidad, que como no hay solución económica y no hay un proyecto económico claro, ni para la burguesía subordinada a los gringos, ni para la clase trabajadora, lo que sabemos es que Latinoamérica seguirá, quizá por 10, 15 años, con un periodo histórico de mucha inestabilidad política, donde todo puede ocurrir en el espacio de los gobiernos. Y es por eso que a veces se elige un gobierno progresista, y como no hace política a favor del pueblo, luego viene la extrema derecha, como ocurrió en Brasil, como ocurrió en Argentina, como ocurrió en Perú, como ocurrió en Ecuador.

 

El escenario de la izquierda en Latinoamérica sigue más o menos el mismo patrón de Brasil. La izquierda latinoamericana está muy rebajada en términos de programa para enfrentar la crisis capitalista, porque ahora es el momento de presentar un programa anticapitalista. No importa el corte, si es socialismo, si es popular…, pero tiene que ser anticapitalista, el capitalismo no va a resolver el problema de las masas.

La izquierda en Latinoamérica, con raras excepciones de algunos partidos, digo izquierda como fuerza popular que se organiza de varias formas, está en deuda con un programa que enfrente la crisis capitalista, que proponga para las masas cambios estructurales.

La izquierda está en deuda en el sentido de descubrir nuevas formas de lucha, nuevas formas de organización de la gente, sobre todo en esos dos sectores que me refería antes, los trabajadores de la periferia y la juventud. Todavía está muy atrapada en la institucionalidad, con las elecciones, y eso puede tardarse un tiempo hasta que la movilización de masas mueva también a la izquierda y surja entonces una nueva generación de izquierda, de luchadores, con otras prácticas, otra visión del mundo y una nueva alma.

¿Qué papel desempeñan la élite de intelectuales, periodistas, pensadores, filósofos, políticos y dirigentes en este escenario de crisis de la izquierda?

– El problema de los intelectuales en Latinoamérica, por lo general, en términos genéricos, es que ese sector, que en realidad son pequeños burgueses que viven alrededor de la universidad, alrededor de los medios o de la institucionalidad, fueron cooptados por el neoliberalismo, no como ideología, como proyecto, pero sí por las costumbres.

Los tipos se volvieron muy individualistas, solo piensan en sus carreras, muy consumistas y abandonaron la práctica política social. Pero es verdad, hay muchos valerosos intelectuales que siguen siendo orgánicos y, por lo tanto, reflexionan a partir de las organizaciones de izquierda y de la clase trabajadora en general, pero son minoritarios. Mucho peor que en algunos otros tiempos que había una presencia más importante de intelectuales orgánicos, entonces, hoy casi no tenemos intelectuales orgánicos, tenemos intelectuales.

¿Están lejos de las políticas públicas?

– Fueron cooptados en su práctica de vida. Y por eso no debemos esperar de ellos reflexiones que nos lleven al cambio, ellos ya no quieren cambio, y los intelectuales orgánicos que quieren el cambio son minoritarios, pero es verdad que muchos de ellos han presentado sus reflexiones para que las organizaciones discutan qué cambios son necesarios.

En medio de la agresión israelí contra la Franja de Gaza y los reclamos de un estado palestino. ¿Cómo es vista la causa palestina en Brasil? ¿Se pueden aumentar las relaciones de cooperación en términos de lucha, de espíritu combativo?  

– Nosotros fuimos formados ideológicamente por la influencia de la Revolución cubana, de sus líderes, de sus pensadores, por la influencia de la Revolución nicaragüense, que fue en 1979 y influenció mucho la lucha de toda Latinoamérica. También en aquel entonces había una influencia ideológica de la teología de la liberación, que es esa vertiente cristiana que vinculaba la creencia, la fe que los campesinos tienen por su práctica religiosa, como cualquier pueblo, con la necesidad de la liberación.

 

Y eso fue importante, y esas corrientes que estoy citando, sea de pensadores clásicos, sea de líderes como Fidel Castro, Ernesto Che Guevara, sea de procesos revolucionarios como Cuba y Nicaragua, nos ayudaron a incorporar desde el nacimiento del movimiento, la concepción de que no es posible hacer la lucha contra el capitalismo, contra el latifundio, contra el patriarcado, contra el colonialismo, sin el internacionalismo.

El internacionalismo para nosotros es un principio, no es solo la motivación de hacer solidaridad con los pueblos que luchan, es más que eso, es una identidad. Toda la clase trabajadora del mundo es la misma, solo cambiamos el pasaporte, nuestros enemigos son los mismos: el capitalismo.

En tiempos de la globalización del capital, que viene por el dólar, por las empresas transnacionales, por el capital financiero, la clase trabajadora de todo el mundo no va a lograr liberarse si no juntamos fuerzas para enfrentar el mismo enemigo.

Desde el inicio del movimiento tenemos esa identidad con Palestina, con el pueblo de Palestina, porque ellos están en la primera trinchera contra el colonialismo sionista, contra la explotación capitalista, y porque de cierta forma ustedes luchan por la tierra, por su territorio, los palestinos son los sin tierra de Medio Oriente, y nosotros en Brasil, que somos sin tierra, somos los palestinos de Brasil, porque la situación es la misma.

 

Luchamos por territorio, por derechos, por autonomía popular, entonces, siempre tuvimos esa simpatía por la lucha del pueblo palestino, y siempre, de alguna forma, tratamos de conectarnos, que es más que apoyo y solidaridad.

Siempre como MST presionamos para que las dos organizaciones que hay en Palestina que involucran a gente del campo, sea de las mujeres, sea de los campesinos, participaran de la vida campesina, que es nuestra articulación internacional.

Siempre motivamos a nuestra militancia a participar en brigadas para ir a cosechar aceitunas en el mes de octubre en Palestina. Entonces, teníamos que hacer campaña porque el boleto era caro, pero hemos logrado que cada dos años enviar 20-30 personas.

Esa es una enseñanza para nosotros. No es ir a cosechar aceitunas, es ir a ver cómo se comporta el Gobierno de “Israel”, es ir y ver cómo es la lucha cotidiana de los palestinos por su resistencia, y cuando regresaba se volvía otra persona, como si hubiese hecho un gran curso de formación política y personal y de compromiso con el pueblo palestino.

Por eso es que cada vez que aumenta el conflicto en Palestina, tratamos de hacer alguna cosa que pueda simbolizar o pueda ser un testimonio de nuestra fidelidad, de nuestra lealtad, de nuestra solidaridad con el pueblo palestino.

Pero así es con todos los pueblos. Ahora estamos muy preocupados y decimos: Nuestra Palestina, nuestra Gaza, es Haití, porque la misma barbarie que están imponiendo en Gaza, la están imponiendo en Haití.

Así como procuramos denunciar en Brasil la mano represora del Gobierno de “Israel”, porque ellos siguen vendiendo armas, sobre todo, armas de represión de masas, que testan con los palestinos y después las llevan a la periferia de Brasil para golpear a los pobres.

Hay varias armas ahí que fueron vendidas por los israelíes, así como fue público y notorio que el Mossad y los servicios de inteligencia de “Israel” estuvieron desde el principio apoyando a Bolsonaro. Fue el Mossad quien prestó a Bolsonaro grandes computadoras instaladas en Taiwán o Irlanda, para desde ahí utilizar las redes sin control, e hicieron una verdadera masacre sobre el pueblo sin conciencia de Brasil, y lograron ganar las elecciones.

Esa misma táctica repitieron ahora con Milei, claramente vinculado con el sionismo y apoyado por la inteligencia del Mossad de “Israel”. Y en otros países de Latinoamérica pasa lo mismo, como Guatemala, donde los israelíes siempre tuvieron mucha presencia por debajo.

Entonces, tratamos de utilizar los hechos negativos de la mano invisible del Mossad y del capital sionista, para mostrar a nuestra gente que la lucha es internacional.

¿Qué mensaje transmite al pueblo de Gaza y a toda la Resistencia en Palestina?

Nuestro mensaje, que no es mío, es del MST, y lo hacemos en la práctica, no solo en la retórica, es decirles que estamos con ellos y que resistan. Sabemos que esto cuesta mucho, muchas vidas, mucho sacrificio, pero no hay otro camino. Traten de resistir, y nosotros, desde Brasil, lo que podemos es sumarnos, sea en pesamiento, sea enviando alimentos, haciendo contrapropaganda contra el sionismo. La mejor forma de ser solidario con la resistencia es también dar una lucha en nuestros pueblos contra las empresas de “Israel”, contra el capital israelí.

 

Por ejemplo, en Brasil, la mayor empresa que vende cerveza es del capital sionista, que es controlada por el Banco Safra, que es sionista. Entonces, debemos dar la lucha contra esas empresas sionistas que explotan además al pueblo brasileño.

Compañeros, camaradas, resistan, solo una cosa es cierta, puede pasar algún tiempo, un mes, dos años, 10 años, pero la victoria es cierta. No gana quien no lucha, y su derecho y dignidad es la seguridad de que vencerán, y con ustedes vencerán todos los pueblos que luchen.

 

Publicado uriginalmente en Almayadeen.net

Por Dr. Watan Jamil Alabed

Médico palestino, graduado de la Universidad de Ciencias Médicas de Cuba. Activista a favor de la Causa Palestina.

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