En vísperas del 15 de mayo, el escritor palestino Khaled Barakat plantea una reflexión política e histórica sobre el significado de la Nakba y la necesidad de recuperar el concepto de «Día de la Lucha Palestina» como expresión de un pueblo en resistencia y no únicamente como víctima de una catástrofe histórica. El artículo reivindica la dimensión revolucionaria, internacionalista y liberadora de la causa palestina frente a los intentos de reducirla a una cuestión humanitaria o de gestión colonial.
Khaled Barakat
Cada año, cuando se aproxima el 15 de mayo, Palestina vuelve al centro de la memoria mundial como una herida abierta desde 1948. Se recuperan las imágenes del desplazamiento forzado, las masacres, la destrucción de las aldeas palestinas y el desarraigo de un pueblo entero de su tierra, bajo un término que se ha consolidado en el discurso político y mediático: la “Nakba”.
Sin embargo, la pregunta que merece ser debatida hoy es la siguiente: ¿sigue siendo este término, por sí solo, capaz de expresar la naturaleza de la etapa histórica que vive el pueblo palestino? ¿Contribuye realmente a fortalecer una conciencia de liberación palestina, árabe e internacionalista? ¿O ha terminado por encerrar la causa palestina dentro del marco de la tragedia, la victimización y la catástrofe humanitaria?
De ahí surge la necesidad de recuperar un concepto político y combativo que fue adoptado por las fuerzas de la revolución palestina tras el inicio de la lucha fedayín contemporánea en la década de 1960: el «Día de la Lucha Palestina», junto con el lema de la «Semana de Solidaridad Internacional con el Pueblo Palestino y sus Derechos Inalienables».
Estas denominaciones no eran simplemente un reemplazo lingüístico. Expresaban un cambio histórico en la conciencia del propio pueblo palestino: el paso de la condición de víctima de una catástrofe hacia la condición de pueblo combatiente, comprometido en una guerra popular prolongada y en la batalla por la liberación y el retorno.
Aquí conviene detenerse en las raíces intelectuales del propio término “Nakba”. Cuando el pensador árabe sirio Constantin Zureiq acuñó este concepto en su célebre libro El significado de la Nakba, publicado en 1948, no se refería únicamente a lo ocurrido al pueblo palestino. Hablaba de la “Nakba de los árabes en Palestina”; es decir, de la derrota histórica, política y civilizatoria sufrida por el sistema oficial árabe y las élites árabes frente al proyecto sionista y el colonialismo occidental.
Desde esa perspectiva, Zureiq tenía razón en su definición. La Nakba no fue solamente la pérdida de una tierra; fue la expresión de una incapacidad árabe generalizada que permitió la creación de la entidad sionista sobre Palestina y el desplazamiento de su pueblo.
Sin embargo, el movimiento nacional palestino, especialmente tras el surgimiento de la revolución palestina contemporánea, intentó superar el estado de “Nakba” como símbolo de derrota para redefinir al palestino como sujeto de un proyecto de resistencia y liberación, y no únicamente como víctima de una tragedia histórica. De ahí el énfasis en el concepto de «Día de la Lucha Palestina» como expresión del paso del tiempo de la derrota al tiempo de la iniciativa histórica y la lucha revolucionaria.
El movimiento nacional palestino comprendió, particularmente durante su ascenso revolucionario tras la derrota de 1967, que reducir Palestina exclusivamente a la “Nakba” implicaba un riesgo político y moral. La Nakba describe un acontecimiento histórico ocurrido en 1948; Palestina, en cambio, es una causa viva y un conflicto abierto contra un proyecto colonial sionista de asentamiento.
Por ello, el 15 de mayo fue transformado en una jornada de movilización política, popular y revolucionaria que afirmaba que el pueblo palestino no había sido derrotado ni desaparecido, sino que se había reorganizado en los campos de refugiados, en las arenas de la resistencia, en los movimientos estudiantiles, obreros y fedayines, convirtiéndose nuevamente en un actor histórico que combate por su liberación.
“La ‘Nakba’ remite a la catástrofe y a la derrota; mientras que el ‘Día de la Lucha Palestina’ remite a la resistencia, la continuidad y la voluntad popular.”
Quien lea la literatura revolucionaria palestina y los textos políticos de las organizaciones de lucha armada durante el auge de la revolución palestina contemporánea encontrará que el 15 de mayo no era únicamente un “aniversario de la Nakba”, sino una ocasión internacional conocida como la «Semana de Solidaridad Internacional con el Pueblo Palestino y sus Derechos Inalienables».
Este concepto estaba vinculado a una visión palestina, árabe e internacionalista que entendía Palestina como una causa integral de liberación nacional y humana, y no simplemente como una cuestión humanitaria relacionada con refugiados o consecuencias de la guerra. Sin embargo, esta concepción comenzó a retroceder progresivamente con el ascenso del proyecto de negociación política y el paso del discurso de la liberación total al discurso del “Estado palestino” dentro de las condiciones impuestas por el orden internacional existente.
En este contexto, el 29 de noviembre —aniversario de la resolución de partición de Palestina aprobada por Naciones Unidas en 1947— fue consolidado como el “Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino”. La paradoja es evidente: esta fecha no está vinculada a la voluntad ni a la lucha del pueblo palestino, sino a una resolución internacional que legitimó la partición de Palestina y otorgó reconocimiento internacional al establecimiento de una entidad colonial sobre la Palestina histórica.
Por ello, recuperar el 15 de mayo como «Día de la Lucha Palestina» significa también recuperar una brújula política que vincule la solidaridad internacional con la liberación y el retorno, y no con la lógica de la partición y la negociación colonial.
La “Nakba” pone el foco en lo que el colonialismo hizo al pueblo palestino. El «Día de la Lucha Palestina», en cambio, pone el foco en lo que hacen los palestinos para enfrentar y derrotar al colonialismo. Entre ambos discursos existe una profunda diferencia en la construcción de la conciencia política, especialmente entre las nuevas generaciones en Palestina y en la diáspora.
Esto no significa eliminar el concepto de Nakba ni minimizar su importancia histórica, sino devolverlo a su contexto correcto. La Nakba no es un recuerdo estático concluido en 1948, sino un proceso colonial continuo que se prolonga desde hace más de siete décadas.
Pero enfrentar esta Nakba permanente no puede limitarse al duelo o a la evocación de las escenas del exilio. Implica destacar la trayectoria de la resistencia popular y armada, la firmeza de las y los prisioneros, las intifadas del pueblo palestino, el apego de las y los refugiados al derecho al retorno y el crecimiento de la solidaridad internacional con Palestina.
“La causa palestina no es una crisis de refugiados que requiera ayuda; es la causa de un pueblo que libra una lucha de liberación nacional.”
La recuperación hoy del nombre «Día de la Lucha Palestina» tiene también una importante dimensión política frente a los intentos de liquidar la causa palestina y transformarla en una simple cuestión humanitaria o asistencial. La causa palestina no es una crisis de refugiados que requiera ayuda; es la causa de un pueblo que libra una lucha de liberación nacional contra un proyecto colonial de sustitución apoyado por las potencias imperialistas occidentales.
Por ello, el lenguaje utilizado para describir Palestina no es un asunto secundario: forma parte de la batalla por la conciencia y por el relato histórico.
Asimismo, recuperar el concepto de «Semana de Solidaridad Internacional con el Pueblo Palestino y sus Derechos Inalienables» reafirma la dimensión internacionalista de la causa palestina. Palestina nunca ha sido una cuestión local o humanitaria aislada; siempre ha constituido un símbolo global de la lucha contra el colonialismo, el racismo y la dominación.
Históricamente, la revolución palestina estuvo vinculada a los movimientos de liberación en África, Asia y América Latina, así como a las luchas de los pueblos contra el apartheid, el colonialismo y la ocupación.
En medio de las transformaciones actuales, del crecimiento de los movimientos populares de solidaridad con Palestina y del resurgimiento de la consigna «Del río al mar», resulta urgente volver a presentar el 15 de mayo como un día de lucha, confrontación y movilización popular internacional, y no únicamente como una fecha para llorar una tragedia.
Porque el pueblo palestino, pese a las masacres, el asedio, el genocidio y el desplazamiento, continúa resistiendo. Y Palestina sigue produciendo nuevas formas de firmeza y combate.
Recuperar el nombre «Día de la Lucha Palestina» y la consigna «Liberar Palestina del río al mar» no es simplemente nostalgia por la literatura revolucionaria palestina de los años setenta. Es un intento de reconectar el presente con las raíces del proyecto de liberación palestino y de reafirmar que Palestina no es solo una cuestión de memoria, sino también una cuestión de futuro.
Un futuro que se construye mediante la lucha popular, la resistencia, la organización y la voluntad colectiva, y no mediante la resignación ante la lógica de la derrota permanente.
“La Nakba no acabó con el pueblo palestino, sino que dio origen a uno de los movimientos de liberación nacional más prolongados de la historia contemporánea.”
Por ello, el 15 de mayo debe presentarse como un día para renovar el compromiso con Palestina, con el retorno y con la liberación; un día para afirmar que la Nakba no acabó con el pueblo palestino, sino que dio origen a uno de los movimientos de liberación nacional más prolongados de la historia contemporánea.